Sólo permanece viejo lo que se mira con ojos de ayer.

miércoles, 18 de junio de 2014

Usted repite

La fiebre tersa de la luz,
y a tus pies la Tierra:
cuando la miras y pones los ojos en blanco,
puedes hablar del vacío.

Las tardes perdidas en la tarde,
para hacer acopio
de los triunfos prepotentes
que trajiste y llevaste.

Usted repite: "¿Qué es la bomba atómica?".
Tal vez convenga entonces abolir las preguntas.

Del tiempo donde nacen los signos,
del furor tan prudente,
de la equivalencia última.
mejor es que te fíes.

De dónde, dónde vienen
que generalmente también vuelve
el coraje tan dócil
somos nosotros quienes debemos redactarlo:
los que nunca se olvidan
con una lágrima cuadrada.

Benedetti & Juarroz

Por Betania Supertino

miércoles, 11 de junio de 2014

Estoy con pavura.
pero ustedes no saben cómo es
en el centro de la idea negra
había algo más para ver así, nunca visto,

Palabra por palabra
podés oírlos probando abrir los picaportes
entre ruinas de niños ahogados
en mi mente como sagrados lugares.

Si vuelvo sin entender:
miedo a la confusión,
no hay qué decir,
pero todo está olvidado, casi todo.

Pizarnik & Carver

domingo, 8 de junio de 2014

El Ser

El Ser, en defensa,
muchas veces depende
del sacrificio;
para ser más jugador,
para defender su pachorra,
y darle paso a la idea,
pero sin perder otras variantes,
porque si no,
se impone un terreno premonitorio.

viernes, 30 de mayo de 2014

P

Parecen patas podridas
pero pueden pasar por piernas prístinas.
Pedí plastificarlas porque pensé:
piernas para pibas post problemas pédicos.
Producción pseudo pendiente.
Permuté parte, prescindí pérdidas.
Puse por pilas. Pisé potentemente.
Permanecieron planas.
Partí protuberancias para poner por parejas.
Primer par: prolijas.
Posteriores: pastosas.
Perdí plata. Pasa por parquedad propia.
Por poseer poca pasta.
Produce pena pensarlo.
Podré perseverar.

miércoles, 28 de mayo de 2014

La pata del gato


“¿Oia? ¡Al fin tengo algo que hacer!”, pensó en un grito Aguanieve, la chica que estaba en la oficina de la empresa ADT, cuando sonó la alarma. No podía creer que su trabajo en la guardia de reportes de la aseguradora tuviera un sobresalto, una emoción, algo que contar el domingo, en el almuerzo familiar.

Estaba caminando por Triunvirato cuando lo llamaron. Desde Europa, sus amigos. Los de la casa que cuidaba. Andaba paseando un rato, buscando unos libros para regalar. “¿Cómo que sonó la alarma? ¿Y por qué? ¿Y ahora qué hago?”. “Volvé, claro, a ver qué paso, si está todo bien”. Las piernas largas, arremolinadas, a grandes pasos, por Encalada. Y en cada esquina, girando la cabecita para pispear si por ahí, en una de esas, pasaba algún colectivo que lo ayudara a llegar más rápido. A su cabeza llovía una interminable cantidad de imágenes: Patrulleros en la puerta de la casa, vecinos amontonados mirando con caras extrañadas y otras imágenes decadentes.

Se le cortaba así una racha de ciento sesenta y siete días sin recibir alertas, desde aquel domingo nublado –lo recordaba como si fuera hoy- en que el llamado había venido desde una casa en Palermo. Y ahora, en Pueyrredón, ¿qué habría ocurrido? ¿Estarían robando o sería una ventana abierta por el viento? Había mucho viento ese día, podía ser.  “¿Qué hago, señora? ¿Mando un móvil o no?”

Esperaba que lo sorprendiera el zumbido molesto de la alarma al doblar una esquina. De cada sonido le parecía que podía emerger, clara, limpia y estridente.  De autos y bocinazos al pasar, de gritos y empujones de chicos que salían de un club. Siguió camino y, al doblar en la última esquina, pudo ver que no había nada raro en el frente de la casa. Llegó a la puerta, la abrió con rapidez y desactivó la alarma que, a pesar de todo, continuaba encendida. Entró al living y… esa maldita llave de luz que está del otro lado de la pieza le alargó la incertidumbre. Cuando por fin la encendió, pudo ver una de las patas de su gato, que escapaba de los sensores de movimiento del living hacia la galería. Vio también cómo se echó en el suelo y empezó a chuparse la misma pata, mientras lo miraba con cara de inocente.

lunes, 26 de mayo de 2014

Se desencadena la púa
que estaba latiendo
en la música,
en los dedos sensibles

una cuerda se pela,
se agita y se salta
los pelos se escapan,
se tensa la gravedad
algo se acuesta,
vertical,
como la guitarra.

Se para el pie.
El giro del mundo
es un cuerpo que flota;
el pie
no mueve la mano;

vibra el fin
si algo es la nada.

jueves, 16 de mayo de 2013

Amarillo mozo, bar viejo

Un hombre mira a través del vidrio del bar
y ve un cartel que dice: "Latte y dos lunas: $30".
Hay una mujer muy bien peinada
tomándose un café en un vaso de plástico.
Ve sillones de cuero donde antes habían mesas:
quiere entender cómo se hace lo nuevo

Las mesas cuadradas de madera
con dos manteles: uno cuadrado; blanco
y otro en forma de rombo; naranja.
Los mozos de camisa amarilla
sirviendo comida a ancianos
de cuello arrugado.
Todos los símbolos de lo viejo
están donde está este hombre.