Sólo permanece viejo lo que se mira con ojos de ayer.
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domingo, 14 de noviembre de 2010

90 mil desaparecidos

El país entero se pregunta dónde estarán las 90 mil personas que desaparecieron entre el pasado miércoles al mediodía y el jueves al atardecer. Es urgente precisar una respuesta que logre tranquilizar a los familiares de estas personas. Si bien es cierto que han desaparecido, varios son los científicos que ya están hablando de un fenómeno metafísico hasta ahora poco investigado por la ciencia: el "traslado dimensional". Según precisan los expertos, estas personas habrían quedado "varadas" en un espacio-tiempo diferente al que nosotros habitamos. Al parecer, estarían en el estadio de River, luego de dos recitales que brindara un músico británico la semana pasada.. El 50% habría quedado viviendo el miércoles 10 de noviembre y el otro 50% el jueves 11 de noviembre, luego de quedar deslumbrados tras el concierto.

Algunos empresarios ya han alzado la voz, alertando sobre las posibles consecuencias que esta "desaparición" podría originarle a la reproducción del capital, ya que el 75% de estas personas entraban en la categoría de trabajadores activos. Según explican, ya el viernes 12 la producción de las principales fábricas se ha visto disminuida casi al 75% de lo que se venía registrando. Uno de los representantes de la UIA, el diputado PRO Pinedo, habría declarado: "ahora sí estamos interesados en ingresar al sistema a esos negritos que viven en las villas. Hay que educarlos (domesticarlos) para que obedezcan lo que tienen que obedecer y pasen a engrosar las filas de las fábricas. Eso sí, se les pagará la mitad del salario que percibían los "desaparecidos", ya que no tienen experiencia".

Mientras tanto, los ultra conservadores están que trinan, ya que piensan que una disminución tan grande y repentina del ejército de reserva puede ocasionar una alza desproporcionada de los salarios y una avanzada de los trabajadores en sus conquistas históricas. 

Algunas personas ya advirtieron sobre algunos grafitties que se habrían pintado en los alrededores del estadio Monumental en contra de la figura de Paul Mc Cartney: "Viva Yoko" o "Aguante Heather Mills" son algunos de los ejemplos de las pintadas que se encontraron. En tanto, Paul explicó en un reportaje a Juan Pablo Feinmann en el avión de regreso a Brasil, donde el músico continuará con su gira que "se trata de un evidente odioU de claseU que desde la época peRRonista hasta nuestroUs días, no ha cesadoU de existir en la ArYentina".

viernes, 12 de noviembre de 2010

bajando del cielo beatlero

Hoy, viernes 12, y luego de haber bajado de la nube a la que nos subió Mc Cartney el miércoles (a pesar del cielo límpido que vimos, sólo cortado por una luna en cuarto creciente), siento algo que nunca había sentido anteriormente. Siento que la historia del rock me atravesó al medio, como si alguien me hubiera partido una guitarra sesentosa por la cabeza para que yo sintiera en mi propio cuerpo lo que significa el rock.
Y es que el miércoles el rock se hizo carne para 45 mil personas. Pero, ¿qué significa que algo se haga carne?

Significa que se pega a los huesos para no separarse más del cuerpo de uno
para vivir con uno hasta que uno se muera (o deje de tener cuerpo),
significa que correrá por nuestras arterias
para llevar oxígeno hasta nuestros corazones
hasta que las arterias se obstruyan.

So...
LET IT BE

jueves, 11 de noviembre de 2010

San Pablo en Buenos Aires

Hubo mucha gente que no se enteró, pero ayer tocaron The Beatles en la cancha de River. Sí, ya se que a John lo asesinaron en 1980 y que el cáncer se llevo a Georgito hace unos cuantos años. No importa. Ayer tocaron The Beatles en Buenos Aires porque alguien vino a plantar la semilla de su música en la pampa húmeda de nuestra tierra. Esa misma semilla que dentro de algunos años germinará en brotes, dando más tarde muchos arbustos de raíces beatleras que se manifestarán en adolescentes que formen bandas musicales continuando el camino iniciado por esta banda que ayer tocó en River, básicamente porque su escencia trasciende a su propia formación.

Gracias a un Santo Pablo con apellido de origen escocés, la generación de jóvenes nacidos en la década del '80 y '90 también vamos a poder decir, dentro de cien años (¡sí, porque vamos a vivir mucho tiempo!) a nuestros nietos, que escuchamos a The Beatles ao vivo. Decirlo despacio, con ternura y emoción, decirlo con el corazón, casi saboreando las palabras al salir de nuestras bocas.

Desde bien temprano muchas personas se congregaron en las cercanías del estadio Monumental, para hacer cola y conseguir un lugar que les permitiera apreciar mejor el recital. Había gente de todas las franjas etarias. Desde los de la primera guardia beatlera, aquellos que escucharon sus temas en singles, hasta peques de ocho o diez años, algunos transformados en el centro de atención de periodistas allegados al lugar para hacer las clásicas notas de color. En el medio, todos los demás, confirmando que la música de The Beatles atraviesa cualquier distinción entre personas que estemos acostumbrados a hacer, sea referida a la edad, la clase social o la zona geográfica de proveniencia (había gente del interior del país y también un grupo de chilenos con grandes banderas de su país).

Una vez adentro, el recital fue de lo mejor que quien escribe vio en vivo (sólo superado por la vuelta de Calamaro en Cosquín en 2005, pero en emoción y orgullo para quien lo vio, nunca en cuanto a lo que la ortodoxia indicaría como "un gran recital"). Pensemos que el tipo tocó 39 canciones durante casi tres horas, una tras la otra, dándose el lujo de no tocar ningún tema del, para mí (subjetividad), mejor disco que hizo como solista, aquel con cerezas desparramadas en la tapa y que con el correr de los años se transformaría en algo inigualable. La calidad del sonido sí fue lo más grande que escuché en mi vida, así como la puesta en escena, el show de fuegos artificiales en Live and let die y la calidad de imagen de las pantallas gigantes (pulgar arriba para el batero, un showman innato, que realizó todo tipo de coreografías al mismo tiempo que ejecutaba su instrumento. Ya averiguaremos su nombre). Los dos momentos más tiernos de la noche fueron: cuando dedicó Here today a Johnny y una rara versión de Something para Georgy. ¿Agregar palabras a esas dos emociones?, ¿para que? El desfile de instrumentos fue impactante también, desde bajos de la década de los '60, pasando por guitarras de todo tipo, eléctricas y acústicas, algunos charanguitos, un piano "clásico" de cola, otro psicodélico con un estilo Sgt. Pepper's, canción con la que Macca cerró el recital (previo a la parte final de The End, claro está), mientras la gente, que llenó todas las bandejas del estadio, cantaba sin parar. El peor momento de la noche fue cuando el cantante se apareció con una bandera gigante de Argentina y comenzó flamearla. Dio un poco de cosquilleo, sobre todo al recordar las vejaciones que toda la vida hizo Inglaterra en nuestras islas del sur y las extracciones de petroleo que realiza hoy. Pero claro, con la banderita al viento tapamos todo, la gente no se da cuenta. No hacía falta caretearla así, Paul.

Tuvimos suerte que este emblema de la música contemporánea decidiera bajar una vez más hasta Baires para regalar a un par de generaciones más la oportunidad de escuchar las melodías que dejaron un eco imborrable en los oídos de todos y con las que influyeron y seguirán haciéndolo, a miles y miles de bandas de todo el planeta. Ojalá que la semilla beatle que vino a sembrar anoche Paul, pueda convertirse en un árbol bien alto en el que los pájaros negros puedan cantar cuando se acabe la noche.