Sólo permanece viejo lo que se mira con ojos de ayer.
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martes, 18 de enero de 2011

Me nasce del cuore

Mi sufrir (pasado, presente y futuro) no es susceptible de ser medido por ninguna de las unidades de tiempo hasta ahora conocidas por el hombre. No es traducible en minutos, horas ni segundos. Pero poco importa eso, porque para entender el sufrir, lo que se necesita realmente es que se sienta. Y se siente. Aseguro que se siente.
Y lo que se siente es el olor a chamuscado que emana de mi corazón. Es el desastre que le hago a mi piel cada vez que me despierto. Es el horror que diviso en mis ojos frente al espejo o son los fantasmas que corren en las noches de mis sueños.
Esos sentir(es) vale(n) más que cualquier medición de tiempo que pueda establecer cuanto ha durado o durará determinado sentimiento.

El problema (o no) sigue siendo y será que cada cuerpo escribe una historia de lo que nos pasa por la terraza. Y las palabras que vos me dejaste para escribir la historia de mi cuerpo no fueron las mejores que me pudiste haber dejado.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

sentidos

(es, pues, un enamorado el que escribe y sangra)

y sentía que tu pelo,
que nunca fue lo que más me gustó de vos
me enredaba en llamas
más ardientes que la cara del sol

y sentía que tus ojos,
humedecidos como la palma de tus manos
me decían algo sin resonar:
sin vos no sigo, mi amor

¿y sentiste que mi piel,
tan enferma de desamor y egoísmo
te decía algo sin emitir voz?