Sólo permanece viejo lo que se mira con ojos de ayer.

miércoles, 20 de julio de 2011

Había una vez un tano anarquista

Siempre el placer de leerlo.

Roberto Arlt, para el díario "Crítica"

Las 5 menos 3 minutos. Rostros afanasos tras de las rejas. Cinco menos 2. Rechina el cerrojo y la puerta de hierro se abre. Hombres que se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía. Sombras que dan grandes saltos por los corredores iluminados. Ruidos de Culatas. Más sombras que galopan.
Todos vamos en busca de Severino Di Giovanni para verlo morir.

La letanía.

Espacio de cielo azul. Adoquinado rústico. Prado verde. Una como silla de comedor en medio del prado. Tropa. Máuseres. Lámparas cuya luz castiga la obscuridad. Un rectángulo. Parece un ring. El ring de la muerte. Un oficial.
<<...de acuerdo a las disposiciones... por violación del bando... ley número...>>
El oficial bajo la pantalla enlozada. Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado en aceite rojo. Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre. Negro círculo de cabezas.
Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huída hacia las sienes como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Grueso cuello desnudo. Pecho ribeteado por las solapas azules de la blusa. Los labios parecen llagas pulimentadas. Se entreabren lentamente y la lengua, más roja que un pimiento, lame los labios, los humedece. Ese cuerpo arde en temperatura. Paladea la muerte.
<<...artículo número...ley de estado de sitio... superior tribunal... visto... pásese al superior tribunal... de guerra, tropa y suboficiales...>>
Di Giovanni mira el rostro del oficial. Proyecta sobre ese rostro la fuerza tremenda de su mirada y de la voluntad que lo mantiene sereno.
<<...estamos probando... apercíbase al teniente... Rizzo Patrón, vocales... tenientes coroneles... bando... dése copia... fija número...>>
Di giovanni se humedece los labios con la lengua. Escucha con atención, parece que analizara las cláusulas de un contrato cuyas estipulaciones son importantísimas. Mueve la cabeza con asentimiento, frente a la propiedad de los términos con que está redactada la sentencia.
<<...Dése vista al ministro de Guerra... sea fusilado... firmado, secretario...>>

Habla el Reo.

-Quisiera pedirle perdón al teniente defensor...
Una voz: -No puede hablar. Llévenlo.
El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quien sabe!.
El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate.
Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar.
Ha formado el blanco pelotón de fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita:
-Venda no.

Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso.
Surge una dificultad. El temor al rebote de las balas hace que se ordena a la tropa, perpendicular al pelotón fusilero, retirarse unos pasos.
Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?
-Pelotón, firme. Apunten.
La voz del reo estalla metálica, vibrante:
-¡Viva la anarquía!
-¡Fuego!

Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas.
Fogonazo del tiro de gracia.

Muerto.

Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez de Última hora, Enrique Gonzales Tuñón, de Crítica y Gómez, de el Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
-Está prohibido reírse.
-Está prohibido concurrir con zapatos de baile.

miércoles, 13 de julio de 2011

Las palabras nos roban los sueños
porque borran (iba a decir reprimen)
las interpretaciones de los hechos
y construyen la realidad únicamente como fáctica.

Hay una realidad (de todas las que decidí vivir)
que no está hecha de hechos
y en esa realidad viven nuestros sueños,
meras interpretaciones de acontecimientos
que amoldamos a nuestra imaginación.
Soñamos, hasta que alguien nos despierta diciéndonos, cínicamente:
"Lo que quise decir no puede escindirse
del sentido denotado de mis palabras"
Se le puede refutar al iluso
y orgulloso interlocutor:
"Las interpretaciones, como los sueños,
jamás podrán ser reprimidos"

viernes, 27 de mayo de 2011

SPS (Short Poem System)

Ella es el sol que el verano
nunca se atrevió a mostrar,
apagada y reluciente,
tranquila pero urgente.

De su seda, larga y brillante,
decir pelo es eufemismo.
Y que es su menor virtud,
una verdad inapelable.
Mi verdad inapelable.

Que es inclasificable es otro acierto.
Aunque yo juegue a encasillarla
ella encuentra siempre puertas de salida.
De imprevisibles.

viernes, 13 de mayo de 2011

El abismo está después de tus ojos

¿Qué hacer cuando uno encuentra su propio límite?
¿cuando uno entiende que no hay un más allá para encontrar?
creo que lo adecuado es cesar en esa búsqueda
y a partir de que uno entiende eso, deja de estar preso

preso de esa búsqueda que nos ocultó el goce
y dar el paso siguiente,
ese salto hacia la nada
que es el todo de uno mismo
el cumplimiento del deseo,
ese infinito esquivo

y ese salto hacia la nada
sólo lo podemos dar
cuando miramos a alguien a los ojos
y en ellos llegamos a reconocer
una parte de lo que nosotros somos
y llegamos a ver nuestros sueños
en esos ojos

por eso, después de encontrar nuestro límite
en los ojos de alguien
sólo nos queda saltar hacia
ese abismo que es nuestro deseo
y que ese deseo se funda
con el de la dueña de esos ojos



martes, 29 de marzo de 2011

una visita inesperada

Una niñez puede ser
un chico pisando hojas secas
o paquetes de cigarrillos box tirados en la vereda,
un chico que llora porque su madre lo ha dejado sólo en la casa
o uno que juega a la pelota en la calle con hojas de diario envueltas en cinta scotch.

El pasado viene poco por acá
pero cada vez que se acerca
da un certero cross de derecha
y el temblor que deja es inenarrable.

Ni el más conspicuo poeta
lograría, de un tirón,
fabular sobre sus consecuencias,
esas de marcas superficiales e imborrables.

(Cualquiera puede sentarse
a hablar con su pasado,
el desafío está en volver
a ser Uno después de esa charla).

sábado, 26 de marzo de 2011

hallarse uno en el otro

No se conocían cuando
se encontraron en la calle,
unos eran marrones y los otros azules
se amaron a la distancia,
durante instantes. No más.
(Pero instantes que se deformaron,
en donde las horas fueron irregulares,
y no empezaban en el 1 ni terminaban en el 12,
donde el comienzo y el final de los minutos
solo era determinado por ellos).

Fue en ese transcurrir
cuando descendieron al fondo de sus fondos,
donde el barro se funde con las nubes
y el horror y el amor no tienen distinción
se buscaron en la otredad
encontrando cada uno su Yo.
¡Se dijeron tantas cosas sin mover los labios
que no necesitaron palabras!

Luego,
ambos sonrieron en el mismo momento,
y corrieron a abrazarse
en ese momento, solo en ése,
ni antes ni después,
se detuvieron las agujas
y los relojes estallaron en pedazos.

sábado, 12 de marzo de 2011

RenaSer flor

Los rayos de la oscuridad
(la noche de mis días)
se quieren filtrar por mi ventana
en acción de inefable rebeldía

no quiero que me penetre
hago lo imposible para que no
cierro los pliegues de mi ventana
y nada
intento frenarla con el volumen de mi cuerpo
y nada

no es más triste
que se haya entrometido en mi habitación
como que haya encontrado
hospedaje en mi cuerpo trémulo

ahora, pienso, no me alcanzará
con atravesar los muros de mi habitación,
me es necesario escapar de mi carne
que ya se chamuscó

la vida, pienso, ¡que me ha enseñado tántas cosas!
nunca me dijo cómo arrancarme la carne para dejar de ser yo
cómo aniquilarme sin dudar
cómo saltar hacia la dulce nada

solo una certeza
me es necesario renaSer flor